resultados

miércoles, 23 de febrero de 2011

Mamitis en el Proust style

Hoy es uno de esos días en lo que definitivamente no debí haberme levantado. A 10 meses de terminar la carrera no puede ser posible que sigamos viendo arte del tipo de Fernando Amorsolo (googleen y verán) y que nos estén hablando sobre la estética de belleza de la mujer filipina, pudieron haber dejado esto para los primeros semestres. Por eso mejor me puse a bloggear.

En el tema de hoy: la mamitis. Para una clase tuve que leer En busca del tiempo perdido de Marcel Proust…bueno, la verdad es que no lo leí y lo que voy a contar a continuación me lo contó a su vez, una de mis compañeras. Resulta que Proust niño estaba obsesionado con el beso de buenas noches de su madre, lo necesitaba y lo esperaba y se ponía bien loquillo y le mandaba cartas cuando la madre no podía subir por X razón (concretamente, atender a los invitados).

Luego de que me contara ese pasaje, nos pusimos a hablar de la mamitis un poquito y yo me acordé que alguna vez, una de las decisiones más fáciles respecto a cortar con un ex novio la tomé cuando, como si fuera lo más normal, me dijo algo como: “espérame, mi mamá me va a cortar las uñas”….¿QUÉ? osea, créanme, ya era un adulto, lo hubiera soportado si hubiéramos tenido 3 años y hubiéramos sido novios en el kínder. No me jodan.

Por eso, hombres del mundo, aquí les dejo unos tips si no quieren perder a su mujer debido a sus grados de mamitis (o si no tienen la “suerte” de encontrar a una taruga abnegada que les aguante esas cosas).

1. Por favor, nunca digan estas estupideces de frase: “Tienes que aprender a cocinar como mi mamá” o “Deberías pasar unos días con mi mamá para que aprendas su sazón”. A ver animal, NO QUIERO COCINAR COMO TU MADRE. Puede ser que haya aprendido a cocinar en mi casa y obvio prefiero mil veces el sabor de la comida de MI madre (oh, ironía!) o peor…puede que simplemente no me guste cocinar. No molestes, si quieres que tu mujer cocine como tu madre, eres un perdedor.

2. El tipo vive solo…pero su refri siempre está lleno de toppers donde guarda la comida de toda la semana que le hizo su madre. Esta se vincula directamente con la anterior, neta no sean tetos, si ya viven solos, sean lo suficientemente machines como para hacerse su propia comida, aunque les salga mal o compren comida para llevar o lo que sea! Señoras, dejen a sus hijos respirar.

3. Buscando ideas para esta entrada encontré en google que ha habido casos de hombres que se llevan a sus mamás…A LA LUNA DE MIEL. ¿Están enfermos? Bueno, aquí no sé quien está más enfermo, si el tipo, la mamá o la vieja que aceptó casarse con ese hombre y peor, que aceptó subirse en el avión a Tailandia con su suegra.

4. Si tienes 26 años o más y vives con tu mamá automáticamente tienes 5 rayitas menos de sex appeal. A menos que seas Josh Beech o alguien así, en cuyo caso, no puedes perder tu sex appeal.

5. Si tienen 20 años o más y salen con “dice mi mamá que siempre no” o “mi mamá no me dejó ir a la fiesta” no merecen respeto.

6. Es una amenaza directa que digan algo como “y cuando nos casemos blablabla…y obvio me voy a llevar a mi mamá a vivir con nosotros” Noooo chavo, ya perdiste a la mujer, a menos que eso se justifique con algo como que tu mamá está súper enferma (no de la cabeza y que no pueda dejar a su criatura) y no tiene quien la cuide.

La siguiente es una anécdota personal y vergonzosa, pero como no me están viendo a la cara, no me importa y la contaré =D. Una vez se me olvidó la ropa interior en casa de un ex novio, que vivía solo, concretamente en la regadera y al llegar a mi casa y darme cuenta de que la había olvidado, le marqué y me dijo “si, ya la vi, cuando se seque la guardo”. Dos días después me dijo “vino mi mamá y volvió a lavar tus calzones…” …..¡¿QUÉ?! Neta qué onda con él y qué onda con la señora. Ay Diosito! Hasta la pancita me dolió.

Sí, está bien querer a la mamá y quererla mucho, nunca dejarla desamparada, pero enserio que algunos asustan con su mamitis, parecen niños lelos. La relación con la madre no se debe cortar de tajo ni mucho menos, tampoco le debes perder el respeto!, ni la costumbre de visitarla seguido, pero cuando esa relación se lleva más allá de verdad resulta que te conviertes en el hombre menos interesante del mundo, de esos que aburren, cansan y terminan siendo odiosos e incluso provocan que la novia/prometida/esposa no acepte a su madre por default.

Nunca, pero nunca, dejen que su mamá les corte las uñas si ya están grandecitos, entre otras cosas. Aprendan a lavar su ropa, aprendan a hacerse un condenado sándwich y no esperen que su novia, en los años venideros, se convierta en un clon de su madre en cuanto a costumbres, valores y artes culinarias.

Ahora sí fue un Mujer, casos de la vida real.

¿Y saben qué? Apenas pasaron 30 minutos. ¡Me quedan 40 minutos de clase! Me voy a suicidar. Mejor cuéntenme sus anécdotas de la mamitis. Aclaro que esto también aplica a las chicas eh! Porque luego también nos sacamos cada babosada que bueeeno.


miércoles, 16 de febrero de 2011

La Indolente o Como le robamos a los zombies en su casa.

El Musée d'Orsay. El edificio horizontal ya no era en lo absoluto lo que había sido años atrás y la magnificencia de su construcción estaba ahora opacada por grafittis, vidrios rotos y la constante presencia de las luces neón en el cielo que le propinaban una tétrica vestidura lumínica. El arte se había quedado ahí adentro; al momento de la histeria nadie se había molestado en salvaguardar esos tesoros como se habían hecho en otros tiempos de crisis y se debía a que un cuadro impresionista no haría ningún milagro ante el ataque de un muerto viviente o ante el viaje de una bala perdida o al menos eso se había dicho en un principio.

Sin embargo, paulatinamente habían ido desapareciendo las obras en mejor estado o las más significativas, porque todos habían dicho en algún momento que el arte no iba a salvar a nadie pero a la vez nedie perdía la oportunidad de tener un Delacroix en su casa si eran capaces de, ya no digamos robar, sino de internarse entre las ruinas y esquivar a los zombies para obtenerlas.
Claro, el arte no salvaría a nadie, pero había quienes arriesgaban la vida para conseguirlas ya fuera por capricho, por nostalgia, por la adrenalina del robo o tal vez y seguramente esa era la razón más poderosa, por aferrarse a algo, así, sin más.

Jules nunca había robado nada en toda su vida, ni siquiera en los tiempos más duros cuando había tenido que pasar por las más terribles situaciones para sobrevivir, pero había aceptado la invitación de Benjamin como si guera una ida al cine. También Louis había sido parte del plan previamente pero Jules se las había arreglado para provocar una pelea unas horas antes de la hora en que habían quedado con el esposo de Aurora. De cualquier forma con o sin Louis no irían solos y ella interpretó que aquello no era una cita, ni siquiera después de lo que había pasado en la terraza y aún así no se arrepentía de haber dejado a Louis o de no haber invitado a ningún otro con el que tuviera vínculo cercano, como un acto consciente que a su vez era un mensaje encriptado.

Bajó del auto que aparcó justo detrás de Benjamin, que iba en su motocicleta. En el camino no había cruzado palabra con ninguno de los amigos de su anfitrión, pues no le había interesado. Tuvo un melancólico sobresalto al ver el museo con sus mensajes apocalípticos en la fachada y recordó que en algún momento de su adolescencia había pensado, firmemente, que había cosas bellas que siempre permanecerían imperecederas y lo que tenía enfrente era una alegoría de la realidad, una que siempre había estado ahí.

Cruzaron el umbral de la entrada principal como si fueran visitantes, aunque Jules pudo sentir la tensión apoderándose de su cuerpo recorriendo lentamente su espina dorsal, con tanta determinación que dolía. Se mantuvo alerta pues aunque el polvo, la humedad y el abandono dotaban al lugar de un olor peculiar, cuando los muertos se acercaban, el olor de la carne putrefacta era una señal más para que nadie con experiencia fuera tomado desprevenido.

Caminaron sigilosamente entre los pasillos y ella miraba a Benjamin de vez en cuando, con el tipo de mirada ansiosa de quien espera algo, mientras su mente le jugaba sucio, haciéndola imaginar que en cualquier momento se perderían de la vista de los otros y el daría el paso definitivo en el más oscuro de los rincones. Nunca sucedió.

Elegir el cuadro no fue difícil, habían pensado en robarse El origen del mundo de Courbet pero en cuanto Jules pudo vislumbrar La Indolente de Bonnard, supo que ese tenía que ser el cuadro. Lo encontró descolgado de su sitio y tenía un desprendimiento considerable en la parte superior pero eso no lohacía menos deseable. La Indolente. Jules se acuclilló para, de forma simbólica, hacer lo que no había podido cuando era una niña y la llevaban a los museos: tocar el óleo y sentir la textura bajo sus dedos de tal forma que pudiera convencerse de que estaba ante algo real. Aquél apocalipsis, pensó con amargura, tenía sus lindos detalles.

Los amigos de Benjamin se acercaron para tomar el cuadro, ella se irguió para, firme, cuidarles las espaldas con ayuda de su rifle ruso, Benjamin y otro hicieron lo mismo y durante la primera mitad del camino de regreso al auto, todo transcurrió en una inusitada calma, hasta que escucharon el sonido de varios cristales rotos bajo el peso de alguien al caminar.

Fue Benjamin quien se adelantó mientras Jules lo seguía con la mirada, perdiéndolo cuando giró en un pasillo y no pasaron ni treinta segundos cuando se escuchó el primer disparo y reapareció por el mismo camino con un gesto extraño en el rostro.

-No suelten el cuadro, ya es nuestro.

Fue su orden y el que llevaba cargando a La indolente echaron a correr. Jules no, ella corrió hacia él con el rifle listo y disparó en el justo momento en que uno de los muertos vivientes doblaba la esquina y alargaba sus manos ensangrentadas y terribles hacia ella. La bala golpeó en su cabeza y ella contó uno menos. Sin embargo los sonidos alentaron a los nuevos habitantes del Musée d'Orsay y el recinto se fue llenando de cuerpos descompuestos, con su caminar desencajado, sus miradas vacías y sus dientes ensangrentados ansiosos de carne tibia.

La escolta se encargó con una lluvia de balas de que La indolente saliera segura del Orsay, de tal forma que también pudiera admirar el cielo neón que había causado la paulatina destrucción de su entorno. Los cuerpos de los zombies cada vez más desesperados, caían poco a poco bajo la inclemencia de los disparos.

Jules encontró la mirada de Benjamin en varias ocasiones y en una en particular, se sonrieron cómplices, como si estuvieran haciendo equipo en un videojuego de realidad virtual y a pesar de eso, Cristina nunca olvidó que estaban ahí para adquirir un regalo para Aurora e incluso ella misma estaba convencida de querer darle ese tributo. La indolente cruzó las puertas del museo y fue introducida en el auto para que iniciara su viaje. Los zombies ganaban velocidad fungiendo el papel imaginario de guardias del museo y cuando Jules quiso subir al auto para tomar su lugar entre el resto de los ladrones, Benjamin la tomó por la muñeca y la invitó a subir a su moto, dándole también su pistola.

-Yo manejo y tú puedes seguir disparando. - Hizo una pausa y le sonrió arrogante, ese tipo de sonrisa que en otras ocasiones la había hecho fruncir el ceño ahora le había ocasionado un ligero temblor en las piernas - al menos hasta donde seas capaz con tu puntería.

Jules montó tras él, ajustando la correa de su rifle y pasándolo a su espalda mientras tanto la moto como el auto arrancaban. Disparó tres veces y la última imagen antes de girarse y aferrarse a la cintura de Benjamin con firmeza fue la de uno de los condenados cayendo al lado del mítico rinoceronte de la fachada, sosteniéndose de él lo más posible, manchando de sangre negruzca el ya de por si vandalizado cuerpo del animal.

El viento frío le golpeó en el rostro, como si quisiera despertarla y de ese modo, fue mucho más sencillo tomar como debía la entrega del cuadro a su dueña verdadera.

Mientras Aurora decidía donde colocar la nueva adquisición y Benjamin se iba a la otra habitación a cambiarse de ropa, Jules admiraba a su amiga ansiosa por abrazarla y por enredar los dedos en su cabello rubio mientras lo hacía, a pesar de todo. Miró a La indolente que reposaba en el suelo una vez más esperando su nuevo sitio y cayó en la cuenta de la ironía del regalo, porque fue justo en ese momento que supo, sin ninguna duda y casi como una premonición, que ella misma, desnuda sobre una cama desconocida, lanzaría una mirada libre de culpas al mundo.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Jezabel o París se va llenando de zombis.

(…) al mirar por la ventana y toparse con los colores neón que cubrían el cielo, sintió una fuerte presión en el pecho. Era de noche en París cuando el helicóptero aterrizó en la base y por tanto, era el peor momento para llegar. Los convertidos en zombis solían cazar de noche, más que a cualquier otra hora del día, como si la oscuridad les provocara más hambre, como si su sentido del olfato se intensificara dejándoles reconocer más fácilmente el olor de la carne viva y el sabor a hierro de la sangre se volviera más apetitoso. Sólo los rebeldes se atrevían a salir de noche, aferrados a sus reuniones clandestinas donde tocaban música, intercambiaban escritos, improvisaban teatro y pintaban sobre las paredes, obsesionados por salvaguardar celosamente lo que antes había sido tan cotidiano.

Los militares de la base le pidieron sus documentos, registraron su bolsa, le practicaron exámenes médicos minuciosos, también le hicieron muchas preguntas y la mayoría las respondió con mentiras. Cuando finalmente pudo salir del edificio, corrió los tres metros que la separaban de la segura puerta de éste y el auto de Louis, quien la esperaba con una expresión tan tranquila que parecía como si su vida no corriera peligro a cada segundo.

Al subir al auto lo primero que notó fue que su parabrisas estaba manchado de sangre, pero era una sangre negruzca que la asustaba y lo interrogó con la mirada.

-Atropellé a uno de esos bastardos, Jules, nada de cuidado. No creo haberle hecho mucho daño de todos modos.

Le gustaba Louis, excepto cuando hacía ese tipo de comentarios, le gustaba por su cabello negro y ondulado, su mirada ambigua y su perfil imperfecto. Habían estado juntos muchos años pero su relación, si podía llamarse así, había sido intermitente. A veces sólo hablaban, a veces sólo se besaban, a veces pasaban la noche juntos y al otro día él le preparaba el desayuno como si fueran un matrimonio joven. Nunca habían peleado, pues tenían otras maneras de herirse cuando era necesario. Había ocasiones en que sólo se veían una vez cada seis meses, cuando mucho. No eran nada, en realidad, “solo amigos”, habían dicho ambos en varias ocasiones cuando les preguntaban cuanto tiempo llevaban de novios.

-¿Me llevas a donde Aurora?.

Le preguntó mientras miraba por la ventana, reconociendo París, aunque una París muy triste en comparación con la que había conocido. Sintió que el corazón se le desbocaba al ver un par de ojos mirándola desde un callejón, o al menos eso le pareció ver. Louis no le contestó nada, en silencio había estado deseando que ella cambiara de planes, pero eso no ocurrió, aunque entendía que Jules quisiera ver a Aurora con tanta urgencia; seguramente quería redimirse por no haber ido a la boda, por no haberla visto en mucho tiempo. Él no volvió a abrir la boca en todo el camino y ella cantó muy bajo las canciones que iban sonando en la radio, hasta que llegaron al edificio donde vivía Aurora. Louis se estacionó y sacó su pistola de la guantera, pero Jules lo detuvo tomándolo por la muñeca.

-Voy a ir sola. Te llamaré después, ¿sí?

Sacó de su bolso su propia arma y bajó del auto con cautela luego de besarlo en la mejilla y agradecerle por haber ido por ella. Jules sabía que estaba siendo mustia con su actitud, pero parecía decidida a torturarlo por alguna razón que no alcanzaba a descifrar aún y decidió no pensar más en ello cuando tocó el timbre y le respondió una voz femenina que reconoció inmediatamente.

-Soy yo- Le dijo a la máquina, logrando que su voz no sonara tan temblorosa porque temía que de un momento a otro la tomaran manos muertas y le arrancaran la yugular de una mordida, aunque la calle en ese momento se veía desierta y Louis aún no había arrancado, esperando a que Jules estuviera segura.

-Sube, al 405.

La voz de Aurora sonaba animada y eso la hizo sonreír. La puerta hizo un sonido discreto y cedió ante el empuje de Jules, que lanzó una última mirada a Louis antes de que él arrancara por fin. La puerta se cerró con un clic y ella caminó hasta el elevador, sola, con sus pasos resonando en el piso. Ya no le gustaba la soledad como antes y el viaje hasta el cuarto piso en el pequeño cubículo del elevador lleno de pintas apocalípticas le pareció una tortura.

La puerta del departamento estaba abierta para ella, se colaba un haz de luz por la rendija y también el sonido hueco de música que aumentó de intensidad cuando Jules empujó la puerta tímidamente.

Sentado en un aparentemente cómodo sillón individual estaba el esposo de Aurora. Lo había visto apenas en un par de fotos algo borrosas y él alzó la vista en cuanto ella entró. Jules pudo reconocer entonces Everyday is like Sunday de Morrissey, saliendo del equipo de sonido, cerró la puerta tras de sí.

-¡Jules! ¿Llegaste? ¡Salgo en un momento, sigo en ropa interior!

Jules sonrió y el hombre miró de reojo hacia el cuarto donde estaba su mujer. Relacionarlo de esa forma con Aurora, con esos títulos, le resultaba muy extraño pues en los primeros años de amistad, Jules había llegado a pensar que nunca la vería atada a un solo hombre, pero ahí estaba él, protagonista de múltiples mails donde Aurora le contaba lo enfermamente que lo amaba. Se miraron en silencio un par de segundos y Jules sintió un hueco en el estómago que siempre vinculaba con la sensación de peligro, de muerte. Carraspeó con incomodidad, en ese momento pensó que no le gustaba su mirada, pero su pensamiento, que oscilaba entre la extrañeza y los celos, se interrumpió cuando él se levantó del sillón, la tomó por los hombros apretando un poco más de lo normal y la besó en las mejillas. Se presentaron formalmente, ella le sonrió como si de inmediato lo aceptara tal y como había hecho con los otros hombres de Aurora. Él le preguntó por el viaje, por cortesía y ella le respondió escuetamente, también por cortesía.

Fue un alivio cuando Aurora salió por fin, sonriendo tan contenta que Jules olvidó por completo la tensión que había sentido. Se abrazaron largamente y a Jules no le importó que el esposo quedara relegado mirando la escena por fuera.

-¡Nos emborracharemos hoy mismo! Y mañana habrá una cena en casa de Rose, yo voy a cocinar, celebraremos que estás aquí…entre otras cosas.

Jules apreció el entusiasmo de Aurora, un entusiasmo que ella había perdido por completo cuando se dio cuenta de que el mundo se caía a pedazos, incapaz de ser como Aurora, incapaz de dejar de sentirse tranquila sólo si tenía un alma en su bolso de Chanel y le sonrió por primera vez a Benjamin, el esposo, cuando vio que miraba a Aurora como si todavía hubiera mundo.

sábado, 25 de diciembre de 2010

EL 2011 SERÁ LA ONDA

Sí, tengo esa firme convicción y es que con las perspectivas que hay para el 2011 simplemente no puede ser de otro modo.

OK...de un momento a otro mi acento dej´´o de servir. As´´i que perdonar´´an las faltas de ortograf´´ia en el post. Enserio! M´´IRENLO! ya no sirve! =( y fue de repente.

Bueno, fuera de esta estupidez de mi acento, presiento que el 2011 va a estar bien chido y a continuacion (asi sin acento) enumerare porque:

+ El concierto de Lady Gaga y tambien el de U2 y muy dentro de mi, espero que vengan los Foo Fighters ahora si y tambien que regrese Incubus o que de perdis venga Brandon Boyd solito.

+ Me voy a graduar!!! Ok, esto debio ir en el numero 1 pero aqui no importa el orden de los factores. Me voy a graduar, voy a terminar la carrera por fin, luego de haber sufrido tanto los sinsabores del CUEC, una mala eleccion y lo que han sido mas de un par de años de ciertas decepciones.

+ Vere en el cine a Keira Knightley y a Carey Mulligan JUNTAS

+ La saga filmica de Harry Potter llega a su fin. Esto es chido y triste a la vez, ahi se acabara mi infancia, el ultimo pedazo que me queda de ella. Voy a llorar mucho, lo se.

+ Voy a comprarme mi bolsa de Marc Jacobs, no importa lo que pase. No puedo vivir mas sin ella pensandola como un sueño, asi que estoy decidida.

Hago una pausa para decirles que no saben como me ha costado escribir sin el maldito acento.

+ Todo apunta a que regrese al Cervantino. La primera y unica vez que fui, vivi una pesima experiencia y no me habia atrevido a regresar, pero creo que es hora de dejar atras esas cosas y volver y disfrutarlo como debi haberlo hecho tiempo atras.

+ Ya no tengo que pagar mi lap top porque este Diciembre hice el ultimo pago.

+ Tengo la opcion de escribir un blog de cine, con el animo y la inspiracion de varias personas. Espero, claro, tener mi acento de vuelta para ese entonces.

+ Sere la orgullosa dueña de un 1 million de Paco Rabanne, si, 1 million, no Lady Million. Quiero el de hombrecitos por la caja con Mat Gordon y por el diseño de la botella. ES UN FETICHE, Y QUE?

Si, puse muchas cosas bien mensas en la lista, otras me las voy a guardar para mi solita. La idea tampoco es desnudarles mi alma, mucho menos si no tengo acentos. Pero apoco no se ve un año prometedor? =p

Espero que hayan pasado una buena navidad y que el año que viene pinte tan bien para ustedes como pinta para mi, con todo y mis cosas superfluas (y otras no tanto).

¿Como pinta su 2011?

miércoles, 20 de octubre de 2010

Jezabel. Meanwhile en la terraza.

Al salir a la terraza el viento golpeó su rostro y ella frunció los labios al sentir el aire viciado de aquella ciudad tomada. Se cubrió un poco con el abrigo, escondiendo completamente la blusa roja que había elegido para la ocasión. Encendió un cigarrillo que había mantenido entre sus labios desde que hubiera salido y dio una primera larga calada ansiosa. Sólo se dio cuenta de que había salido atrás de ella cuando se recargó a su lado sobre la baranda, estirando la mano en silencio para que compartieran el cigarrillo. Su primera reacción fue mirar hacia atrás, quería confirmar que Aurora no estaba mirando y se sintió inmediatamente estúpida por haber hecho eso. Le pasó el cigarrillo intentando no mirarlo pero dejando que su abrigo se abriera intencionalmente revelando la blusa a pesar del frío y al momento en que alzó la vista se encontró mirándolo intensamente sólo porque él lo había hecho primero.

Le llegó el olor a pastel recién horneado que se mezcló en el denso aire con lo que él le contaba acerca de la situación política y los nuevos planes a futuro para luchar contra lo que había tomado las calles y les había impedido continuar con cualquier práctica artística. No le puso verdadera atención, concentrada más en los movimientos de sus manos y la forma en que por momentos parecía provocarla sólo con la forma en que repasaba las líneas de su clavícula, logrando que ella se formara mundos en la cabeza, imaginando escenas tan indebidas que sintió que sus pensamientos inteligibles llenaban de más tensión el ambiente ya de por si tenso, como si él pudiera leer en su pensamiento la piel y los besos. Fue un grito desgarrador que invadió el aire lo que cortó su imaginación, un grito de muerte que le erizó la piel y que provocó que respirara profundamente, conteniendo su propio terror.

- -Tranquila

Le dijo él con su voz irresistible, colocándole una mano en la espalda en un gesto tan íntimo que le provocó un escalofrío que poco tenía que ver con su miedo, mientras él recorría la textura de su blusa disfrazando el movimiento de un intento amistoso de reconfortarla.

-Estoy tranquila

Contestó ella sin mirarlo, sintiéndose completamente desorientada cuando él quitó su mano rompiendo el contacto, como si la piel bajo la blusa, que había ardido, volviera a convertirse en un manto erizado por el frío y el susto. Nada más.

Hubo más silencio, no necesitaban en realidad decirse nada, ni había por el momento nada que decir y el único sonido al que ella prestaba atención era a la mezcla entre su propia respiración y las voces ajenas que llegaban desde adentro. ¿Cuánto tiempo había pasado? Seguramente apenas unos minutos porque el cigarrillo seguía a medias. Él se atrevió a rozar su mano, apenas dejando que las yemas de sus dedos la acariciaran, pero ella la retiró inmediatamente y a tiempo, dejando bien guardadas y ocultas sus ansias de devolverle la caricia repasando sus labios. Coqueteaba y no, había apartado la mano, pero no se había alejado ni un centímetro, ni tampoco había dejado de mirarlo.

-Ya está todo listo.

La voz de Andrew la sacó de su ensimismamiento. Se giró para ver al recién aparecido; un extranjero alto, joven y un poco desgarbado pero de una belleza casi absurda, le sonreía como si verla lo hiciera el más feliz del mundo. Ella se enterneció, pero se dio cuenta en el acto de que ese no era el sentimiento correcto.

-Ya vamos

Contestó el otro, apagando el cigarrillo contra la baranda. Una última mirada fija para ella, diciéndolo todo con sus penetrantes ojos oscuros. Ella celebró su descaro con un poco de malicia, mientras cerraba el abrigo de nuevo. Cuando pasó al lado de Andrew él la abrazó por la cintura, besó su cuello y luego su boca con la efusividad de un adolescente (casi lo era) y por primera vez se sintió incómoda con sus muestras de amor. Se acercó a Aurora, que terminaba de poner unos cubiertos sobre la mesa y la abrazó por la cintura.

-¿Te ayudo en algo?

Le preguntó y Aurora negó con la cabeza. Cuando sintió la mirada de él sobre ambas, en un impulso tuvo que besar a la anfitriona en la comisura de los labios, lentamente, recargando una mano en su mejilla. Quería provocarlo de todas las maneras posibles.

Él se sentó en la cabecera de la mesa y ella hubiera jurado que le había visto un amago de sonrisa en el rostro, aunque pocas veces lo había visto sonreír, sólo con Aurora. Él se inclinó a besar a su esposa de forma intensa, pero ella no apartó la vista.

-Murió alguien más, lo escuchamos mientras estábamos en la terraza.

Dijo apartando la vista por fin, interrumpiendo su beso, sonriendo mustiamente cuando sintió que Andrew le acariciaba la rodilla mientras llegaba el primer plato.

lunes, 18 de octubre de 2010

La perspectiva senil

Hoy día, mientras mi profesor de artes gráficas habla y habla sobre temas que no me importan, me costó decidir el tema que trataría en la nueva entrada, estaba entre dos: el Corona Capital que tuvo lugar el sábado o la película Les enfants de Timpelbach que vi ayer. Como mi mood indignado no está muy despierto, dejaré lo de la película para otra entrada.

Soy anciana. Lo comprobé el sábado.

En mis tiernos 18, cuando empecé a ir a festivales, llegaba tempranísimo para asegurarme un lugar hasta adelante para ver a mis bandas favoritas si era el caso o sino, simplemente para rockear desde temprano
Hoy, a mis 23, llegué como a la 130 al concierto aunque empezaba antes, la primera banda que se me medio antojaba era Minus the bear...ni siquiera los vi, los escuché tirada desde el pasto.

En mis tiernos 18, brincaba con cualquier banda, bailoteaba y gritaba. Como me encantaban las bandas que pasaban en reactor, la verdad me super alocaba en casi todo el festival.
Hoy, a mis 23, mientras estaba sentada con Klaudia en el pasto, sentí que el piso temblaba y sí...ABUELEZ MÁXIMA cuando nos miramos y preguntamos "¿está temblando?". Pues no, babosas, es la juventud, que brinca.

En mis tiernos 18, pasaba más de 12 horas sin probar alimento con tal de no perderme a Brandon Boyd descamisetado, sin tomar agua ni pensar siquiera en ir al baño.
Hoy, a mis 23, me tragué una pizza, unas papas y unos 4 litros de líquido, de otro modo seguramente me habría desmayado. Klaudia se preocupó por mi alimentación, cosa que amigos de la infncia no habrían hecho jamás.

En mis tiernos 18, llegué a terminar con un ojo moreteado y un regaño de mi mamá que no se me olvidará jamás cuando le pedí prestado su collarín luego de haberme metido al slam.
Hoy, a mis 23, cuando Klaudia me preguntó si quería acercarme más en Pixies le preguné: "quieres morir?".

A las 12 ya me dolían los pies, me volví a perder en las millones de salidas del foro sol, la señal de Telcel se fue desde las 4 de la tarde en 70,000 celulares (idiotas) y su intento de Coachella estuvo bastante chafa, sobretodo porque el sonido del escenario principal estaba super bajito y porque la "playa" era tan tentadora como meterse a la fuente de un parque de la Roma.

Pero de todos modos todas estas tonterías y la senectud se olvidaron cuando Interpol se rifó en el escenario, fueron de los pocos que si tenían buen sonido así que al fin y al cabo el Corona Capital valió la pena. Ni hablar de Pixies, tocaron mi canción favorita y ya con eso me hicieron feliz, además hacía mucho que no escuchaba gritos de verdad en un concierto, dado que desde mis 20's me la he pasado en puro concierto freski. A los festivales aquí les falta mucho para ser un Coachelita pero no se les quita el mérito de que traen buenas bandas *-* <3

Ya quedó larguísima la entrada y mi profesor sigue hablando y mi compañera de banca se está durmiendo como viejo de pórtico. Y CON RAZÓN.

martes, 5 de octubre de 2010

¿Hambre?

Acabo de llegar a mi casa, luego de haber visto en el cine Comer, rezar, amar (rezar, comer, amar? jugar, beber, coger?) con Valeria (la del blog que recomiendo en la barra lateral). Luego de un análisis exhaustivo que incluía la belleza de Julia Roberts, la fealdad extraña de Javier Bardem, el diseño de vestuario, el guión, la dirección de arte y el soundtrack, llegamos a la conclusión de que la película se lleva un 9 en escala de diez, a lo menos un 8.5.

Fuera de esos detalles técnicos, me quedé pensando algunas cosas, pero me centraré principalmente en mi deseo más inmediato: la comida. Ahora, advierto que si no han visto la película, haré unos cuantos spoilers, así que perdónenme. Por momentos sentí mucha envidia de Julia Roberts, sobre todo en la parte donde está en Italia. Yo también muero por comer esos platillos, una pizza margarita en Nápoles y un spaguetti bien atascado con queso parmesano, entre otras cosas. Me encantó esa parte donde mangonea a su amiguita sueca para que coma atascadamente, seguramente porque me sentí un poco identificada.

Estoy consciente de mi realidad, si no hago ejercicio me salen esos rollitos mencionados, vamos, hasta me pongo ligeramente bofa, pero nunca, por ningún motivo, me atrevería a dejar de disfrutar de los placeres culinarios que ofrece la vida! No lo hagan, porfavor! No se limiten por como se ve su cuerpo, porque siempre puede arreglarse de otras maneras, no precisamente dejando de comer...¿qué hay mejor en esta vida que comer? Ya sé, me nombrarán algunas cosas...cállense, malpensados.

Hace no mucho, precisamente, le decía a Valeria que había momentos que habían marcado los años que llevamos en la carrera y tienen que ver con la comida: La primera mordida a una hamburguesa que mi tía me mandó para que sobreviviera el día y que decidimos, era tal cual debía ser una cangreburguer. Una carne rara que llevó Valeria y unas salchichitas preparadas de un modo extraño y místico. Haber saboreado esas cosas nos produjeron sensaciones de vacío mental y placer que no se nos van a olvidar. PLACER. PUNTO.

También recuerdo la primera vez que probé el jamón serrano (en un restaurante que se llama El mesón español) y la primera vez que comí carpaccio de res (en un restaurante que se llama El Arrabal) y la primera vez que me impuse y pedí una jugosita carne cocida 3/4 (en un Angus). Han sido momentos muy felices en mi vida. Pero ¿saben lo que no he hecho nunca? Comer sola en un restaurante, como Julia Roberts hizo con el spaguetti. Ahora tengo ganas de hacerlo.

Nunca dejen de comer, incluso si son vegetarianos tomen el comer como un gran acontecimiento, siempre dense el tiempo para entender lo que pasa con sus sentidos cuando entra un bocado de algo rico a su boca, como cuando el hermano de Remy en Ratatouille siente una explosión de fuegos artificiales al combinar los sabores.

QUE RICO ES COMER (rezar y amar, también!).